Consumo para la construcción
Cuando en 1999, Naomi Klein escribió su mayor ‘best seller' y Biblia del movimiento antiglobalización, No Logo, algo cambió en la mentalidad occidental; o por lo menos algo se transformó en las conciencias de un grupo de occidentales. Las marcas que, poco a poco, se habían colado en los estilos d
e vida de todos fueron desenmascaradas como una fuente de explotación.
La deslocalización de las fábricas, que ya ni siquiera formaban parte de las propias empresas, sino de subcontratas, provocó la neocolonización y todo lo que ello supone. La actual crisis económica por la que atraviesa el mundo occidental (el resto siempre ha estado en crisis), puede finalizar con la culminación de una práctica económica que destruye tanto los lugares que abandona como a los que llega.
Hoy, las fábricas situadas en España se encuentran en un escenario de ‘Eres' y, a la vez, de dobles turnos. No hay poco trabajo, sólo hay necesidad de aumentar la producción con menor gasto y, con ello, hacer homéricas las ganancias. Se trata de aprovechar una situación de debilidad generalizada para dar el zarpazo definitivo y librarse de las prestaciones sociales. Con estas premisas, los consumidores y trabajadores a la vez se enfrentan a la verdadera crisis: su consumo es su destrucción.

